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¿Qué son las Fallas de Valencia?

Las fallas de Valencia pretenden ser una visión deformada y caricaturizada de nuestra propia existencia.
Las fallas son auténticos monumentos de una o dos figuras gigantescas rodeadas por grupos de figuras más pequeñas, que se llaman "ninots". Las fallas principales pueden alcanzar hasta los veinte metros de altura, son el eje central del monumento y representan el tema de la falla, el cual se complementa con las escenas o grupos de "ninots" que las rodean. Alrededor de 375 fallas grandes y otras tantas infantiles danzan por la ciudad. Durante cuatro días y cuatro noches inmensos monumentos de cartón permanecen plantados en numerosas calles y plazas, a la espera de ser quemados en el último día, el 19 de marzo, día de San José, como recuerdo de un rito ancestral - la ciudad arde por sus cuatro costados. Esta es la forma de recibir el comienzo de la primavera, con explosión y fuego (de allí la palabra falla).

Pero, ¿cuál es el origen de las fallas?
Estas fiestas de interés turístico internacional, famosas en todo el mundo, nacieron del pueblo, de la costumbre de los artesanos que en el invierno encendían al anochecer lamparillas de aceite colgadas de un "estai","parot" o "pelmodo", similar a un largo candelabro con varios brazos.
Con la llegada del buen tiempo de la primavera, quemaban este "pelmodo" y los carpinteros, que durante todo el año habían estado trabajando en sus talleres, aprovechaban también la llegada del buen tiempo para limpiar sus carpinterías sacando los tablones y otras sobras de madera a la calle y apilándolas les prendían fuego. Con el tiempo, los vecinos comenzaron a apilar muebles y otros elementos de madera que ya no les servían en la casa. Esto se convirtió en una fiesta popular y lo que en un primer momento eran muebles poco a poco se convertirían en "ninots", representaciones de la sociedad en la que vivían, lo que provocó el disgusto de la burguesía y del clero (generalmente ironizaban sobre ellos).
A medidados del siglo XVIII, las fallas eran un simple festejo incluido en el programa de actos típicos de la fiesta de San José (19 de marzo). Al amanecer del día 18 en algunas vías urbanas aparecían peleles colgados - figuras humanas de paja - en medio de la calle de ventana a ventana, o pequeños tablados colocados junto a la pared, sobre los cuales se exponían a la vergüenza pública uno o dos muñecos (ninots) alusivos a algún suceso, conducta o personaje censurables. Durante el día, los niños y adolescentes recogían material combustible y preparaban pequeñas hogueras de trastos viejos que también recibían el nombre de fallas. Unas y otras eran quemadas al anochecer de la víspera de San José y la gente se reunía en torno a la hoguera. Al día siguiente era día de media fiesta y los carpinteros y los valencianos devotos acudían a los templos parroquiales para festejar a su patrono.
Con el tiempo sólo se llamarían fallas aquellas hogueras que sobre un tablado expusieran a la vergüenza pública, los vicios o prejuicios del momento. Estas fallas satíricas se acompañaban siempre de unas hojas de versos que, colgadas como pasquines - escritos anónimos - en los costados de las mismas mostraban el tema. Lo que en un principio era obra popular fue complicándose uniéndosele, a principios del siglo XX, pintores y escultores alentados por los premios que Lo Rat Penat estableció en 1895 y que a partir de 1901 asumiría el Ayuntamiento de Valencia. Los artistas falleros formaron su Gremio y su arte se ha diversificado (decoradores y escenógrafos en multitud de películas de Hollywood como La caída del Imperio Romano, Lawrence de Arabia, 55 días en Pekín, El Cid...; en carrozas de Carnaval; parques infantiles, ciudades japonesas, alemanas o norteamericanas o para el valenciano Terra Mítica; fachadas para lujosos casinos de Nueva Orleans...). A Mediados del siglo XIX, al imprimir los versos mencionados arriba y editarlos en pequeños pliegos, dieron origen al llibret y, en consecuencia, se amplió considerablemente la posibilidad de desarrollar el argumento.
Se tiene noticias de las fallas en 1751, 1783, 1789, 1792, 1796 y 1820. Pero el espíritu crítico contra autoridades y clero, provoca su prohibición en 1851, aunque desafiando a la autoridad se siguieron representando. En 1883 el Ayuntamiento estableció un impuesto de 30 pesetas por falla, sólo se mostraron 4, el impuesto aumentó a 60 pesetas en 1885 y únicamente se alzó una, la de la calle Cervantes; en 1886 la ciudad se quedó sin fallas. En 1887, Félix Pizcueta, junto con un grupo de concejales, fuerzan al Alcalde a que rebaje la tasa a 10 pesetas. La reacción fue inmediata y ese mismo año se plantaron 29 fallas, que han ido aumentando hasta hoy.
La realización de una falla es larga y compleja: primero hay que realizar un boceto, después se realiza la maqueta a escala que visualiza en tres dimensiones el desarrollo de la idea y por último, la construcción y el montaje (primero la carpintería, luego el modelado y finalmente la pintura). Toda esta elaboración para presentar la obra gigantesca en la calle, en ocasiones es presupuestada hasta en más de 120.000 € (unos 500.000 zl).

Otros sucesos relacionados con la historia de las fallas
El factor más importante de las fallas es la figuración satírica, crítica o burlesca de un hecho social censurable. A diferencia de las simples hogueras de antes, ahora representan escenas que aluden a personas, sucesos o comportamientos colectivos que los falleros consideran merecedores de burla. Ello ha sido motivo algunas veces de censura como en 1858, cuando los falleros de la plaza del Teatro pretendían levantar una falla de movimiento con una alusión directa a las desigualdades sociales y con tendencias eróticas o anti-conyugales. La prensa de la época las calificaba de picantes o escabrosas y de lenguaje plagado de equívocos que reflejaba una mentalidad hedonista. A lo largo de este siglo, tanto el Ayuntamiento como también otras instituciones de autoridad mantuvieron una actitud vigilante y censora ante las fallas con la intención de modernizar y civilizar las costumbres de la ciudad, pretendían también eliminar los festejos populares como el Carnaval y las Fallas, entre otros. Ello conllevó una esperada r eacción contra la censura creando un movimiento en defensa de las tradiciones típicas mediante premios. Así de despertó un espíritu competitivo entre grupos de vecinos y un amor por lo fallero y se produjo una decantación esteticista, dando lugar a la falla artística. Al principio mediante premios otorgados por revistas y después por el Ayuntamiento de Valencia a partir de 1901. Se trataba de dos premios: uno de 100 peseta y otro de 50 pesetas.

La falla de hoy
Desde principios del siglo XX, las fallas abandonan la estructura dual (tablado/escena) y se componen ahora de la superposición de diversos elementos y niveles, fundamentalmente de tres: una base de escasa altura para las diversas escenas, un cuerpo central que sirve de sustentación del monumento y un adorno superior. Este último suele consistir en una figura de grandes dimensiones constituida por un motivo alegórico capaz de resumir el tema que difunde la falla y explicar las escenas inferiores.
El contenido de falla debe descifrarse rodeándola y recorriéndola con la mirada de arriba abajo. La falla de hoy debe ser imponente, majestuosa y sugestiva, visible desde la lejanía. Bajo la presión de los premios, las fallas adoptan como ideal modélico la monumentalidad, la proporcionalidad y el barroquismo.
En 1927, la asociación para el fomento del turismo "Valencia Atracción" organizó el primer Tren Fallero . Que se convertiría en la Asociación General Fallera Valenciana y el Comité Central Fallero , como consecuencia de la gran afluencia y aceptación de las fiestas.
En 1929, el Ayuntamiento creó un concurso de carteles para hacer promoción de las fallas y en 1932 se convirtió en la entidad organizadora y gestora de todo el programa de actos, fundando la Semana Fallera . La mayoría de los monumentos eran obra de artesanos artistas especializados que durante varios meses vivían para la construcción de los mismos en sus talleres y que se habían organizado en la Asociación de Artistas Falleros . Fue en estos años cuando las fallas se convirtieron realmente en la fiesta mayor de los valencianos.

Marcos Alemany
Fotos: Piotr Pluta