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HÉROES DEL SILENCIO


    Héroes del Silencio fue tal vez la banda de rock más importante del panorama español durante los años ochenta y principios de los noventa. Los orígenes de la banda estaban en Zaragoza, en la época en la que toda la música española estaba dominada por la llamada “movida madrileña”: grupos cuyo éxito les había venido gracias a tocar en ciertos clubs de la capital en los que se reunían artistas, productores y personas que más adelante llegarían a ocupar puestos de gran importancia en España (políticos y empresarios entre ellos). Alaska y los Pegamoides, Radio Futura, Nacha Pop o Almodóvar y MacNamara (en la que cantaba el futuro director de cine Pedro Almodóvar) eran algunos de sus miembros.
   Mientras todo eso pasaba en Madrid, en Zaragoza los hermanos Pedro y Juan Valdivia se juntaban con el bajista Enrique Ortiz y comenzaban a tocar juntos bajo el nombre de “Zumo de Vidrio”. En 1984 grabaron una maqueta de cuatro temas oscuros y de influencias post-punk. Tras una visita a Radio Zaragoza para promocionar su maqueta decidieron adaptar el título de una de sus canciones (“Héroe del silencio”) como nombre del grupo.
   Por aquella época Enrique Ortiz pasó a llamarse Enrique Bunbury, en honor a un personaje de Oscar Wilde, y dejó el bajo en manos de Joaquin Cardiel para dedicarse en exclusiva a cantar y a escribir las letras de nuevas canciones. También entraría en la banda Pedro Andreu como batería, en sustitución de Pedro Valdivia. En 1986 Héroes del Silencio quedaron finalistas en varios concursos musicales de nivel nacional, y comenzaron a actuar como teloneros de varias bandas españolas. Más tarde ese mismo año la multinacional EMI les ofreció un contrato discográfico. En 1987 reeditarían su primera maqueta con el título de “Héroe de Leyenda”, y un año más tarde publicaron su primer LP, “El mar no cesa”, que rápidamente llegó a las 150.000 copias vendidas convirtiéndose en disco de platino.
   Las cosas no iban sino a mejorar para Héroes del Silencio. Su puesta en escena estaba influenciada por la de artistas como David Bowie, T-Rex y sobre todo The Doors, con un Enrique Bunbury que cada vez se parecía más a una versión española de Jim Morrison. Durante la gira de promoción de su primer disco llamaron la atención de Phil Manzanera, un ex-miembro de la banda Roxy Music que se ofreció para producirles su segundo disco. “Senderos de traición”, grabado entre Madrid y Londres y editado en 1990, se convertiría en el disco más importante de la banda. En él estaban canciones como “Entre Dos Tierras” y “Maldito Duende”, que marcarían un antes y un después en el rock de habla hispana.
   Prácticamente desde su fichaje por EMI Héroes del Silencio parecían destinados a convertirse en un fenómeno de masas. La banda cuidaba enormemente su imagen: largas melenas, ropas negras, elementos de la cultura india americana y una seriedad y cierta prepotencia en la manera en que trataban con los medios de comunicación. Las radios y las revistas musicales no paraban de compararles con bandas anglosajonas como The Cult o The Mission, y las enigmáticas letras de Enrique Bunbury despertaban la admiración de legiones de fans. La comparación con The Mission tal vez fuera la más acertada: los lentos arpegios de guitarra acústica y la potente base de bajo y batería tenían un parecido a veces asombroso con el de esa banda inglesa de rock gótico.
   No faltó mucho para que algunos sectores de la crítica rock española les acusaran de falta de originalidad, de copiar descaradamente estilos internacionales y de ser poco más que el producto comercial de una multinacional. Enrique Bunbury se tomaba de manera personal todas esas críticas, lo que hizo que su popularidad (y también su ego) aumentaran cada vez más. Bunbury defendía la profundidad de sus letras y aludía a referencias a Baudelaire, William Blake y a poetas de la Generación del 27. Otros las atacaban diciendo que su ambigüedad y su supuesta profundidad no eran más que una fachada, y que Bunbury parecía querer convertirse en una nueva versión zaragozana de Jim Morrison. Algunos críticos llegaban a decir que la peculiar manera de cantar de Bunbury y su extraña entonación durante las entrevistas se debían a los esfuerzos que el cantante hacía por ocultar su acento aragonés.
   Durante 1991, la gira de promoción de “Senderos de traición” les llevó por todos los rincones de España, con más de 140 conciertos. El éxito fue tal que se decidieron a continuar una gira europea durante la primera mitad de 1992, incluyendo también dos semanas de conciertos por México. Su productora incluso pensó en pedirles que comenzaran a cantar en inglés, y sus videos musicales llegaron a aparecer en la MTV americana.
   En 1993 grabaron “El espíritu del vino”, de nuevo con Phil Manzanera. El disco fue distribuido por toda Europa y la banda se embarcó de nuevo en una gira mundial. Ése mismo año la banda creó gran polémica en España: el Príncipe Felipe se había declarado fan de Héroes del Silencio, y decidió invitarles a una audiencia para agradecerles su labor de difusión de la lengua castellana por el mundo. A la salida de la audiencia Enrique Bunbury comentó ante los medios de comunicación que la banda se consideraba totalmente antimonárquica. Eso no impidió que durante ese año Héroes del Silencio llegaran a ser número uno en ventas en España, al igual que en Alemania, México y Suiza.
   Como siempre, los excesos de la gira y el uso de las drogas (a las que Bunbury se refería sin complejos en las entrevistas) hicieron crecer las tensiones dentro del grupo, especialmente entre Bunbury y Juan Valdivia. La banda se tomó un año de descanso y no regresó hasta finales de 1995 con “Avalancha”, un disco hard-rock producido por Bob Ezrin, antiguo productor de Pink Floyd y Alice Cooper. Durante la gira internacional de “Avalancha”, se pudo ver como los cuatro chavales de Zaragoza se habían convertido en auténticas estrellas del rock: cada uno llegaba a los ensayos en una limusina particular, y apenas se dirigían la palabra unos a otros más que para lo estrictamente necesario. Enrique Bunbury comenzó a componer canciones en solitario y a dar a entender en las entrevistas con la prensa que su talento “no podía limitarse únicamente a un proyecto como Héroes del silencio”. Naturalmente, esto no sentaba nada bien a los demás miembros del grupo, quienes comenzaban a estar hartos de estar siempre a la sombra de Bunbury.
   Héroes del Silencio fueron la primera banda española en desarrollar un fenómeno de fans a escala internacional. Camisetas y pósters, todo tipo de objetos con la imagen de los miembros de la banda, de su logo o (la mayoría de las veces) con el rostro de Enrique Bunbury se vendían como rosquillas a los jóvenes españoles y latinoamericanos. Su club de fans era y sigue siendo uno de los más numerosos del mundo hispano, y el nivel de adoración por la figura de Bunbury hizo que a ojos de muchos el cantante dejara de tener contacto con la realidad.
   La separación de la banda fue anunciada en 1996, tras un concierto en Los Ángeles que tuvo que ser interrumpido: Bunbury había comentado a la prensa que las mujeres mexicanas no le resultaban para nada atractivas, y parte del público reaccionó lanzando toda clase de objetos contra la banda. Años más tarde los fans mexicanos recordarían ese concierto como “mítico”. Pese al anuncio de su separación, EMI aún tenía un contrato en vigor con el grupo para sacar al mercado otros cinco discos, de modo que Héroes del Silencio siguió editando discos de rarezas, directos y remezclas de antiguos temas, muchas veces sin la participación de ninguno de los miembros de la banda.
   Tras la separación del grupo, Juan Valdivia y Pedro Andreu formaron otros proyectos que no lograron el éxito que ellos hubieran querido, y Joaquín Cardiel dejó la música para trasladarse a vivir a una reserva india en Canadá. Enrique Bunbury, por su parte, aprovechó el éxito de la banda para lanzar su carrera en solitario. La estrategia de Bunbury se parecía a la que años antes había llevado a cabo Morrisey, el líder de The Smiths. Pero la confianza en sí mismo de Bunbury era tal que en sus discos de 1997 (Radical Sonora) y 1999 (Pequeño) se decidió a cambiar de manera radical su imagen y a probar suerte con la música electrónica. Más adelante tomaría un camino más cercano al folk con discos como “Flamingos” en 2002 y “El viaje a ninguna parte” en 2004, con los que volvió a recibir el apodo de “el Jim Morrison español”. No hace falta decir que Bunbury siempre se ha considerado a sí mismo un artista enteramente original y por encima de cualquier comparación (“por muy halagadora que sea”, en sus palabras).
   Por eso tal vez no sorprenda la polémica que se desató en torno a Bunbury en 2008. Tras recibir enormes elogios de la crítica musical española con su disco “La estación de las cerezas”, grabado en colaboración con el músico asturiano Nacho Vegas, Bunbury fue acusado de utilizar sin permiso versos del poeta Leopoldo Panero en las letras de varias de sus canciones, y en las páginas de los libros de versos que el cantante había editado a través de los años. Ante las acusaciones de plagio, Bunbury quiso emular a Oscar Wilde diciendo que “toda persona copia, pero el auténtico artista sabe de quién robar”.

Daniel Barrio Fierro.