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ODKRYWAMY AMERYKĘ - La ruta del gringo (2)

Małgosia Kręcioch

 

Después de haber vuelto a Cuzco nos dirigimos directamente a la estación de autobuses para comprar los billetes a Puno para el día siguiente. Escogimos un autobús nocturno y volvimos a nuestro hostal. Todo el día lo pasamos disfrutando de la belleza y del ambiente de la ciudad, paseando lentamente por sus calles. Cuando el sol se puso y la temperatura bajó en un abrir y cerrar de ojos, entramos en un bar para calentarnos y ver un partido de fútbol de la Copa de América 2007. Pasamos un buen rato en el bar y nos fuimos a la estación. Allí nos esperaba una sorpresa. Debido a una huelga indefinida ningún autobús salía de la ciudad. Así que, dadas las circunstancias, nos fuimos a un hostal, esperando que al día siguiente la situación se solucionara. Pero la huelga no terminó e incluso se agravó. Nos enteramos que la carretera que unía Cuzco con Puno estaba totalmente bloqueada, que los manifestantes tiraban piedras a cada vehículo que intentaba pasar, así que el paso era imposible. No nos gustó nada este estado de las cosas porque habíamos venido a América del Sur con un objetivo bien claro: ver todos los lugares de nuestro bastante apretado itinerario. Con mucha suerte, compramos unos billetes en una agencia de transportes que iba a Puno por otra carretera o mejor dicho una trocha. La huelga nos regaló un día extra en Cuzco, por tanto aprovechamos la situación y nos fuimos a ver Salineras, unas pozas de sal situadas en el Valle Sagrado de los Incas. La vista desde arriba era espectacular, miles de pozas que brillaban en el sol. ¿Cómo nació esta maravilla que produce hoy casi 700 kilos al mes? El sistema es muy fácil; el agua salada viene de una fuente situada en la parte superior de estas minas de sal y con la ayuda del sol el agua evapora y ya está; así obtienen la sal.

Aquel día nos dimos cuenta que no hay mal que por bien no venga y que a veces algunos obstáculos pueden resultar muy fructíferos; gracias a la huelga vimos otra maravilla de los incas.

El viaje a Puno fue horrible; íbamos sentados en los últimos asientos que no eran nada plegables, hacía tanto frío que se congelaron las ventanas por dentro; la única ventaja era que, al viajar de noche, no nos dábamos cuenta de lo fatal y lo peligroso que era el camino. No sabemos cómo, pero lo logramos: llegamos a Puno. ¡Qué ciudad tan fea! ¡Qué decepción vivimos! Tantos sacrificios, incomodidades e inquietudes en el autobús y nos dio la bienvenida el aspecto más feo de la ciudad situada a orillas del Lago Titicaca. El plan de descansar en un hostal y pasar dos días allí cambió rápidamente, justo después de ducharnos y ver la mayor atracción, Las islas flotantes de los Uros, aquel mismo día. En un barcucho llegamos al archipélago de las islas construidas sobre una planta dura llamada totora, y así viven, flotando en las aguas del Titicaca. En aquel momento nos olvidamos de la mala impresión que nos había causado la ciudad, de todas las inconveniencias. Y eso es una de las muchas razones por las que viajar es estupendo. Al ver una maravilla tanto arquitectónica como natural, al percebir algo nuevo, original, muchas veces exótico para nuestros sentidos, uno se siente tan satisfecho y feliz que se olvida de todo lo malo, molesto e incómodo.

 

Fotos: Filip Kręcioch





Las Salineras, Valle Sagrado de los Incas


Las Salineras, Valle Sagrado de los Incas


Las Salineras, Valle Sagrado de los Incas


Las Salineras, Valle Sagrado de los Incas


Las mujeres de Puno


El lago Titicaca


El lago Titicaca


El lago Titicaca


El lago Titicaca


El lago Titicaca