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La Civilización Maya
(¿Sí o No a Apocalypto?)

Después de la controvertida película “La Pasión de Cristo”, Mel Gibson vuelve como director a la gran pantalla presentándonos su visión de los últimos días del Imperio Maya. La película ha levantado una gran polémica, dividiendo, no sólo a espectadores, sino, sobre todo, a la comunidad maya. Algunos están encantados por completo con la película filmada íntegramente en la selva de México, con diálogos en lengua yucateca. Según ellos, el director se informó muy bien por los expertos en la cultura maya y dio trabajo a mucha gente en un área muy castigada por la pobreza y el hambre. Por otro lado, están los opositarios, que en su mayoría son de la comunidad maya. Están preocupados de que la película muestre erróneamente su gran cultura. Opinan que la película se centra demasiado en los aspectos sangrientos de la milenaria cultura maya y que es poco rigurosa en aspectos de carácter histórico. Han llegado a pedir la prohibición de la película en México y Guatemala.
No tengo la intención de hablar acerca de los valores artísticos de la última obra de Mel Gibson. Lo cierto es que tiene una virtud incontestable: genera reflexiones sobre la misteriosa civilización maya e induce a la búsqueda de respuestas para los que desean saber que tiene de mito y de realidad.

¿Quiénes eran los Mayas? La civilización maya fue una de las más brillantes y ha sido objeto de numerosas  investigaciones que confirman lo siguiente. Los mayas dominaron las tierras que hoy en día pertenecen a cinco países:  México, la mayor parte de Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice. Sus orígenes se remontan a alrededor del año 1200 a.C. Los expertos de la cultura maya coinciden en diferenciar tres grandes épocas en su trayectoria histórica: la Formativa o Protoclásica (1200 a.C.-250 d.C.), la Clásica (250-900), la Postclásica (900-1500). Los mayas estaban organizados en varias ciudades-estados con distintas lenguas y costumbres (los diálogos en Apocalypto están en yucateco, una de las treinta lenguas mayas, que están divididas en cinco subfamilias: ch'ol-tzotzil, huastecan, yucatecan, chujean-kanjobal, quichean-mamean). En cada ciudad-estado se encontraba un gobernante hereditario llamado Halach Wíinik o Ahau. Lo apoyaba la casta sacerdotal (ahkincob), la nobleza y los guerreros. También existían jefes de distritos (bataboob) que tenían bajo su control a los jefes de aldeas. La sociedad estaba jerarquizada: el primer lugar lo ocupaba la élite hereditaria, por debajo se encontraban los artesanos, luego se hallaban los campesinos y en el último peldaño de la escala social, los esclavos. Uno de los signos de alta jerarquía era el jade. Solo la clase gobernante podía llevar objetos donde lucía esta apreciada piedra (no cualquiera como lo muestra la película). El aspecto físico de los mayas seguro que llamaría la atención de los hombres contemporáneos, debido a sus rasgos característicos, entre los que resaltaba la deformación artificial del cráneo o las ornamentaciones dentales y corporales. La deformación sólo era aplicada a los niños menores de tres años y estaba a cargo de sus madres. Se supone que era una práctica asociada a un rito de transición o de incorporación social y tenía alguna relación con la ritualidad. En cuanto a las ornamentaciones dentales mayas, destacan  las técnicas de limado e incrustraciones hechas de turquesas, hematitas, piritas o la ya mencionada, jade. Los tatuajes, las escarificaciones decorativas y los adornos marcaban las diferencias sociales.
Apocalypto, a primera vista, narra una historia situada en los tiempos de la época postclásica  (lo evidencia la escena final de la película en la que llegan los primeros españoles). Sin embargo, a lo largo de la película podemos ver imágenes propias del apogeo de la época clásica (las inmensas pirámides, el campo del juego de pelota el observatorio astronómico).  En ese periodo se levantaron las más esplendorosas ciudades y grandes centros cívico-ceremoniales con pirámides y templos como Palenque, Tikal y Copán. Era una época de florecimiento en todos los campos: las ciencias, las artes y la historiografía. Desarrollaron un sistema calendárico que consistía en tres diferentes cuentas de tiempo: el Sagrado o Tzolkin de 260 días, el Civil o Haab de 365 días y la Cuenta Larga de 144.000 días. Cabe mencionar que el calendario haab era más preciso que el calendario juliano de los romanos y en algunos aspectos mejor que el gregoriano. Su exactitud se debe a los conocimientos astronómicos y matemáticos. Los mayas también descubrieron la idea del cero y llegaron a tener un avanzado sistema de escritura basado en los jeroglíficos. Desarollaron diversos estilos en arquitectura, pintura, escultura y otros artes. Un elemento exclusivo de sus construcciones fue el arco, llamadola bóveda falsa. La base de la economía era la agricultura (y no la caza como vemos en la película). El maíz fue el alimento principal junto con la judía negra, la calabaza y el pimiento.
Además de las pirámides y los palacios, uno de los elementos arquitectónicos característicos de los centros urbanos era el campo para el juego de pelota, parecido al fútbol. Pero en realidad era más que un simple juego, dado su carácter religioso. La cancha o el campo simbolizaba el cielo y la pelota representaba el sol. Según algunos expertos el juego de pelota era un espectáculo asociado con el sacrificio por decapitación de uno de los participantes. Hay que admitir que el sacrificio humano ocupaba parte importante de la ideología y los rituales mayas. Existieron varios métodos de sacrificio humano: la decapitación, la extracción del corazón y la extracción de las entrañas.  No obstante, estos dos últimos métodos de sacrificicio aparecen en muy pocos casos del arte maya (sacrificio representado en las estelas 11 y 14 de Piedras Negras) lo que significa que no eran muy frecuentes y probablemente  sólo se realizaban en los triunfos. No se puede juzgar los sacrificios humanos precolombinos sin conocer su contexto cultural y religioso. Hay que tener en cuenta que según sus creencias  el mundo se acabaría si no se efectuaban sacrificios. En el libro sagrado de los mayas, “Popol Vuh”, leemos que “al igual que los hombres comen maíz, los dioses se alimentan de un alimento sobrenatural que se encuentra en el corazón y en la sangre de los sacrificados”. No se trataba de matar por matar  (mientras que en Apocalypto los mayas de la ciudad-estado son unos seres sanguinarios, degenerados por completo, a quienes  les da gusto la violencia).
El periodo clásico de la civilización llegó a su fin entre los siglos IX y X, cuando por causas aún no del todo aclaradas, se produjo el abandono de los principales centros cívicos-ceremoniales. Desde el 900 hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI, la civilización maya tuvo su centro en la Península de Yucatán donde junto a otros grupos, principalmente toltecas, putunes, itzáes, xíues y cocomes habitaron nuevos centros, como Chichén Itzá y Mayapán. En aquella época, llamada postclásica, la civilización maya sufrió muchas transformaciones. La influencia de nuevos invasores dejó su huella perceptible en los estilos artísticos, en el incremento de los rituales con sacrificios humanos, así como en el aumento de las guerras entre las ciudades-estados rivales. Finalmente, la aparición de nuevos conflictos y problemas aceleró la disolución del imperio maya pero hay que saber que los mayas nunca desaparecieron del todo.
Hoy en día existen millones de los descendientes mayas que aún hablan idiomas mayas. Algunos se sienten ofendidos por la última obra de Gibson. Su actitud está más que justificada, pero no por las imprecisiones históricas en las que abunda la película sino porque muestra únicamente el perfíl más violento de esta civilización, sin decir nada sobre su impresionante legado.  Hay que tener en cuenta que el público, después de ver la cinta de Gibson, se lleva una imagen errónea de lo que fue la civilización maya. Una cultura tan avanzada y compleja merece un retrato mejor.

Gosia Marszałek