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Julio Cortázar

kraków hiszpański                                Julio Cortázar

     ¿Sabes llorar de manera correcta?, ¿has intentado encontrar el kibbutz?¿has jugado por lo menos una vez al cíclope?
     Si has contestado tres veces "no", indudablemente tienes que conocer a Julio Cortázar, el escritor argentino nacido en Bruselas, autor de traducciones de Poe y amante de la música jazz.
     Nació el 26 de agosto de 1914. Llegó a Argentina a los cuatro años y pasó la infancia en Bánfield, solitaria y bastante atormentada, fuertemente marcada por el abandono de su padre. Se graduó como maestro de escuela, luego cursó exitosamente el primer año de Filosofía y Letras en la Universidad, pero por razones económicas debió retirarse y nunca alcanzó un grado universitario. Trabajó en la Universidad de Cuyo pero renunció a su cargo por desavenencias con el peronismo. En 1951 se alejó de Argentina y desde entonces trabajó como traductor independiente para la Unesco en París, viajando por toda Europa y escribiendo.
     Desde pequeño demostró tener dotes literarias, escribía mucho y de todo: relatos, obras dramáticas, novelas. Era uno de los representantes más significativos del boom hispanoamericano. Empezó a publicar en 1938, pero el cambio decisivo llegó en el año 1963 cuando escribió "Rayuela", llamada antinovela sin trama, cronología precisa y sin suspense convencional. Cortázar se enfrentó al problema de expresar en forma novelada los grandes interrogantes que los filósofos se planteaban en términos metafísicos. Consideraba que los desvíos sexuales eran una etapa en el camino hacia el kibbutz y una forma de autodescubrimiento del hombre.
     Cortázar se fijó una meta que consistía en incluir al lector en el proceso creativo, jugar con su intelecto e imaginación. Como resultado de este proceso creativo, nosotros podemos vivir una aventura intelectual con novelas tales como: "Bestiario", "Final de juego", "Las armas secretas", "Todos los fuegos del fuego", "La vuelta al día en ochenta mundos" o "Todos queremos a Glenda". Es también autor de muchos volúmenes de relatos y la única persona que ha sabido dar instrucciones para subir una escalera o para dar cuerda a un reloj de manera extremadamente interesante. Sus "Historias de Cronopios y de Famas" son citadas incluso en los manuales del español.
     Cortázar no creía que su genio y su capacidad de convertir las cosas prosaicas en grandes temas de la reflexión metafísica fueran algo extraordinario. Describía el proceso de creación de esta manera:
"Nunca he pensado en nada, solamente de golpe me doy cuenta de lo que he pensado, pero eso no tiene gracia, ¿verdad?, ¿Qué gracia va a tener darse cuenta de que uno ha pensado algo? Para el caso es lo mismo que si pensaras tú o cualquier otro. No soy yo, yo. Simplemente saco provecho de lo que pienso, pero siempre después, y eso es lo que no aguanto." ("El perseguidor")
     ¡Tiene razón señor Cortázar! Darse cuenta de haber pensado algo no tiene ninguna gracia, pero tener la capacidad de pensar en cosas que vale la pena poner luego por escrito ya es un hecho casi mágico.