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LA FERIA, MÁXIMO EXPONENTE DE LA ALEGRÍA DEL SUR DE ESPAÑA

 

                              La feria es la fiesta más típica de Andalucía y una de las más conocidas de España. Constituye un tiempo en el que cada año las preocupaciones y problemas cotidianos se dejan atrás para dar paso a la alegría y a la emoción de celebrar la vida con los seres queridos. El recinto ferial se inunda de color y música para dar la bienvenida a ese sentimiento festivo.

      
Que la gente en Andalucía tiene una particular forma de vivir la vida no es un secreto para nadie pero, para entender esta filosofía, nada mejor que disfrutar de la feria, una fiesta única que pone de manifiesto la esencia y el saber vivir de los andaluces. Casi todos los pueblos y ciudades del sur tienen su feria, y su fecha de celebración viene a ser prácticamente la misma cada año, casi siempre en primavera y verano. La feria suele durar de 5 a 8 días, tiempo en el que la vida en la ciudad gira en torno a ella.

Un precedente económico

   El origen de esta fiesta se encuentra en las antiguas ventas de ganado, acontecimientos en los que se congregaban tanto habitantes de la ciudad como foráneos a fin de cerrar tratos de comercio de reses y otras mercancías. Poco a poco se les fue otorgando a estos eventos un carácter festivo, añadiéndoseles elementos como el vino, la comida o el baile. Todo ello era seguramente útil para favorecer las transacciones provechosas de los comerciantes autóctonos, quienes en no pocas ocasiones se aprovechaban del estado eufórico de los negociantes para obtener intercambios más ventajosos. Poco a poco, el carácter jocoso y festivo fue prevaleciendo sobre el comercial, llegando a ser las ferias tal y como las conocemos ahora.

La vida en el Real

     La feria se desarrolla en el Real, el sitio donde se concentran los asistentes y donde se establecen las casetas, pequeños recintos construidos con armazones de hierro y cubiertos con lonas. Al Real se accede atravesando la portada, auténtica muestra artística de arquitectura efímera iluminada por miles de puntos de luz. En numerosas ciudades la portada va cambiando, evocando cada año un monumento local diferente u otros motivos. La tradición dice que para tener buena feria hay que cruzar la portada a la pata coja.

   Las casetas son para los feriantes su segunda casa durante estos días. En ellas suele haber una pequeña cocina en la que los cocineros preparan los guisos y tapas, así como una barra a la que acercarse para pedir a los camareros comida y algo para acompañar, normalmente vino de la tierra. Es también importante la decoración en las casetas, que normalmente emulan la vistosidad de los patios típicos andaluces: macetas de geranios, farolillos, rejas de forja, paredes encaladas, sillas de enea… Actualmente existen asociaciones que premian a las casetas mejor decoradas en aras de mantener la tradicional estética andaluza en esta fiesta. Un elemento imprescindible en cualquier caseta que se precie es el tablao, una tarima de tablas de madera donde dar rienda suelta a la alegría bailando sevillanas y rumbas, la música que más suena en cualquier feria, sin perjuicio de ritmos flamencos locales como por ejemplo las verdiales en Málaga. En mucha casetas hay actuaciones en directo de grupos flamencos que con sus voces, guitarras, cajones y palmas animan a los asistentes a echarse unos bailes.

   Es frecuente que las familias y los grupos de amigos pasen todo el día en la feria, disfrutando juntos de una buena comida en alguna caseta a mediodía y por la noche. Hay platos que no pueden faltar en una mesa de feria, como los pimientos fritos, tortilla de patatas, pescaíto frito, gambas, langostinos, jamón ibérico o un buen queso curado, aunque tampoco escasean los diferentes guisos, platos más elaborados que siguen las recetas de cada lugar. Una cosa está clara: cualquier manjar que se degusta en la feria regado con vino y con la compañía de la gente que te hace sentir bien, sabe infinitamente mejor.

   La feria es una fiesta que une a amigos y familiares. Ofrecer una copa de vino en ella es señal de amistad y estima y, además, es normal que las empresas inviten a sus trabajadores a una comida de convivencia en la feria para estrechar lazos. Es frecuente también que algunos grupos de amigos queden para ir a la feria y se reencuentren tras largo tiempo sin haber tenido contacto. Es asimismo una fiesta acogedora, donde incluso los foráneos se sienten cómodos gracias a la hospitalidad andaluza.

   Aunque cada feria tiene su encanto propio, las más conocidas son la Feria de Abril de Sevilla, la Feria de Córdoba, la de Málaga, la Feria del Caballo de Jerez de la Frontera y la Feria de la Manzanilla (un tipo de vino blanco) de Sanlúcar de Barrameda. Esta última es bastante pequeña en comparación con las anteriores, pero es especialmente acogedora y tiene la particularidad de ser la única feria que se celebra a orillas del mar.

La vestimenta flamenca

   Aparte de la vistosa decoración de las casetas y del Real, hay un elemento fundamental en la aportación de colorido en la feria: los trajes de flamenca que lucen las féminas. Este atuendo, consistente en alegres vestidos de volantes de variados colores –a menudo de lunares-, ciñe el cuerpo de la mujer andaluza otorgándole una especial gracia al bailar y al caminar. Muy importantes son también los complementos: peinetas, pendientes, collares, pulseras, abanicos… e incluso unos zapatos de tacón para bailar flamenco. Y, como no podía ser de otra forma, una bonita flor en el pelo coronando la belleza de la mujer andaluza. Conviene mencionar una curiosidad del traje de flamenca, y es que es el único traje típico sujeto a modas y que, sin perder su forma básica, su estética va variando con el paso de los años.

   Hay que decir que el hombre también tiene su traje típico, si bien es cierto que es menos frecuente. El traje corto consiste en un pantalón ajustado, una chaquetilla corta, una camisa blanca y un fajín. Este traje, vestido sobre todo por jinetes que pasean con sus caballos por el Real, se complementa con un cañero o sombrero cordobés y una botas camperas. Los jinetes se enorgullecen al pasear con alguna flamenca guapa a lomos de su caballo.

Otros elementos de la feria

   Alrededor de esta fiesta tiene lugar una serie de actividades que constituyen un atractivo añadido. Es tradicional, por ejemplo, la celebración de espectaculares corridas de toros en cuyos carteles aparecen las máximas figuras del toreo. A los aficionados al mundo taurino les recomendamos comprar las entradas con bastante tiempo de antelación ya que suelen agotarse muy rápido. 

Los niños también juegan un papel protagonista en la feria y la viven con especial ilusión puesto que existe un espacio dedicado exclusivamente a ellos. Es el lugar donde se asientan las atracciones de feria, que son muchas y muy variadas. Son clásicas la noria y los tiovivos, aunque cada vez hay atracciones más modernas dirigidas a público adulto. Hay también numerosas tómbolas y juegos de azar en los que es recomendable no gastar demasiado dinero.

Son muchos los comerciantes que aprovechan la afluencia de gente e instalan sus puestos en zonas anexas al Real. Se suelen vender muchos artículos de bisutería, aunque tampoco faltan juguetes, golosinas y el tradicional turrón.

Se realizan también concursos de baile por sevillanas y otros ritmos, así como exhibiciones y paseos de caballos e incluso desfiles de trajes de flamenca. Estas actividades comienzan a menudo varias semanas antes del comienzo de la feria y su culminación -por ejemplo, la final del concurso de baile- tiene lugar en la propia feria.

Normalmente, el pistoletazo de salida de la feria lo constituye la prueba del alumbrado y el canto del himno de la ciudad por parte de una agrupación coral o similar. Por otra parte, se despide la feria hasta el año siguiente con unos espectaculares fuegos artificiales que marcan el fin de fiesta. Habrá que esperar un año para volver a vivir este tiempo de convivencia, alegría y disfrute sin igual.

 

Susana González Bianchi