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España no sólo son los toros y el flamenco…

Después de todo el año trabajando como un esclavo para una multinacional, cada uno se merece unos días de vacaciones. La pregunta siempre es la misma: ¿Dónde? Empiezan las discusiones familiares: uno quiere ir a Egipto, el otro prefiere algo más exótico y opta por un viaje a Bieszczady... Pero al final eligen dos semanas en España.
     Cuarenta horas en autobús, la columna destrozada, los pies hinchados y el estómago lleno de chuches, que no han podido dejar de comer, son el resultado del viaje a su “paraíso turístico”. Pero por fin cruzan la frontera y llegan al hotel. Se lo pasan de lujo en la playa, con su vasito de sangría en la mano. Por la noche ven una actuación de flamenco que organiza el hotel para sus clientes y se acuestan seguros de que están experimentando y conociendo la cultura española en su forma más pura.
     ¡Se equivocan! España no sólo son  toros, flamenco y ¡olé!
     Este año mi curiosidad (o quizás sólo fue el viento) me llevó al País Vasco (Euskadi). Nada más salir de Madrid me di cuenta de que no toda España estaba cubierta de olivos. A partir de aquel momento nada iba a ser igual...
     La tortura lingüística más grande de mi vida la ha causado el idioma que hablan sus habitantes, el euskera, que no se parece a nada y si quieren que lo compare con algún otro idioma de nuestro planeta se van a llevar un chasco porque es imposible. Así que, cuando quería hacer mis necesidades, ya no buscaba “los baños” sino los “komunak”, y cuando me despedía no decía “adiós”, sino “agur”. Incluso las tiendas para los turistas no son iguales que en el resto del país. En lugar de pegatinas con toros y banderas españolas, encontraba las “txapelas” (las boinas) con la “ikurrinia” (la bandera vasca).
     El shock cultural que experimenté después de cambiar el sur por el norte se profundizó al ver como se celebraba el “Aste Nagusia”, es decir, la semana grande de Bilbao. La gente no salía a la calle cantando sevillanas, no había gitanas en vestidos de lunares ni nadie iba a ir a ver los toros... Las fiestas empezaron con el “txupinazo”, un evento que consiste en tirar los huevos, la harina y otros productos que uno puede encontrar en la cocina a otros participantes. ¡Muy emocionante!... Además, los vascos no bebían sangría, sino “kalimotxo”, y no cantaban “¡Viva España!”, sino “Marijaia bera gure”.
     Los vascos tampoco juegan al tenis. Ellos juegan a la pelota vasca, lanzando una pelota en un frontón compuesto de dos paredes. Y si a uno no le van bien los deportes de la pelota, puede practicar el “tronkolaritza”, o sea, el corte de troncos que es incluso más espectacular. Y si alguna vez alguien ha tenido la tentación de mover o levantar una piedra enorme en el monte, le va a encantar el “harri jasoketa”.
     Como pueden ver, Euskadi está llena de sorpresas, deportes de riesgo y gente que va a una manifestación cada semana. Porque hay una cosa que ustedes todavía no saben... y es que a los vascos les gusta demostrar su independencia. Así que cuando estén allí, griten: “¡Gora Euskadi!”. Que se queden bien contentos los vascos.
     De todas formas, con la txapela o la peineta en la cabeza, en España se puede pasar las vacaciones de maravilla, como en ningún otro sitio. Cada una de las diecisiete comunidades es como otro país, con su gente y sus costumbres. Así que, si quieren conocer lo que es España de verdad, no vayan a ninguna agencia de viajes, porque de esta manera se encontrarán en un hotel lleno de alemanes. Y utilizando nuestro ejemplo de “los servicios”, en el momento de crisis fisiológico, tendrán que buscar “die toilette”. Anímense y vayan a uno de estos sitios que no viene en las ofertas de tipo: “Europa en 7 días”.