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                                                     EL TAPEO, UNA FORMA DIFERENTE DE COMER


   Desde su curioso origen hasta sus múltiples variedades, la tapa constituye todo un mundo de sabiduría concentrado en un pequeño plato. Es, además, símbolo de la rica gastronomía de España y del carácter desenfadado y cordial de sus gentes. Se puede afirmar que ir de tapas es toda una experiencia, sobre todo para quienes desconocen este ritual gastronómico.

Una definición insuficiente

    Definir el concepto “tapa” no es fácil. Si nos atenemos a una definición literal, tenemos que decir que es una pequeña porción de comida que se sirve en un plato como acompañamiento a la bebida y que se toma normalmente en los bares españoles –también es frecuente en las casas-. Sin embargo, la tapa es más que eso, constituye toda una forma diferente de comer y vivir la gastronomía. En una tapa encontramos tanto la grandiosidad de la rica cocina española, heredera de numerosos pueblos que fueron legando su aportación y perfeccionada con el saber hacer de cada región en particular, como la sencillez de tomar un aperitivo entre amigos.

    Parece ser que la tapa fue en sus estadíos iniciales un tentempié para aguantar desde la hora del desayuno hasta la del almuerzo, a veces muy distantes debido al horario laboral. Este bocado exigía vino, que venía bien a los campesinos para soportar el frío del campo y alentar los ánimos y las fuerzas para el duro trabajo. En verano, el vino era sustituido por gazpacho, bebida más refrescante y menos sofocante.

Una anécdota histórica como origen

    Ya sabemos que las tapas, patrimonio culinario español de fama internacional, son pequeñas porciones de comida que se sirven normalmente junto con la bebida. Su origen se remonta a la época de Alfonso X el Sabio, monarca que debido a una indisposición se vio obligado a tomar entre horas algunos sorbos de vino junto con pequeños bocados. Este rey, bien llamado sabio, se percató de que era bueno este maridaje, bastante mejor que tomar el vino solo. Por ello dispuso que no se sirvieran en las tabernas del reino bebidas alcohólicas sin acompañamiento de alimento sólido a fin de evitar que el vino subiese a la cabeza demasiado rápido.

La palabra “tapa” proviene de la antigua costumbre de colocar una loncha de embutido o una cuña de queso sobre el jarro de vino para taparlo y evitar así que algún visitante volador contaminara su contenido. Se cuenta que esta ocurrente idea la tuvo hace siglos un camarero del andaluz ventorrillo “El Chato”, quien seguro no imaginaba la repercusión de su invento.

El tapeo, todo un ritual

Aunque hemos dicho que la tapa comenzó siendo una especie de tentempié, en la actualidad se ha impuesto el tapeo como forma propia de comer. Esto ocurre sobre todo en Andalucía, el reino de la tapa, su cuna y el lugar donde este concepto alcanza su máximo significado.

    La cuestión es que ir de tapas o tapear es todo un arte. Se hace junto con un grupito de amigos y consiste en ir recorriendo varios bares tomando una serie de tapas hasta que sean suficientes para completar el almuerzo o cena. Lo más común es tapear de pie, aunque también puede hacerse sentados a la mesa. También se pueden tomar todas las tapas en el mismo local, eso dependerá de la variedad que este ofrezca. Un punto positivo es el precio de la tapa, que suele rondar los dos euros.

El tapeo da la posibilidad de probar varios platos en la misma comida, sobre todo desde que los simples embutidos dieron paso a elaborados guisos típicos de cada zona servidos como tapas. Tenemos también las raciones, el mismo alimento pero en mayor cantidad para ser consumido por varias personas. Una de las cosas buenas del tapeo es que se puede ajustar mejor la cantidad de comida a ingerir, tomando una cantidad de tapas acorde con nuestro apetito. A veces, un plato es poco o demasiado, por eso es mejor ir pidiendo tapas una a una hasta que estemos saciados. Esto es posible porque los diferentes guisos suelen estar ya preparados y expuestos en una vitrina de cristal, lo que además facilita la labor de la elección

    Pero la característica más singular del tapeo quizá sea la informalidad con que se lleva a cabo, la indiferencia hacia la propia comida –exquisita y muy elaborada a veces- y a lo que la rodea. De hecho, se utiliza el verbo picar en vez de comer, lo que da una idea de la poca importancia que en apariencia se le da. A pesar de esto, los españoles son exigentes con lo que están comiendo, lo que ocurre es que simplemente parece que las tapas son la excusa para quedar y charlar animadamente con los amigos. Es precisamente esta indiferencia lo que confiere al acto de tapear su particular estética pausada y elegante.

    Podemos encontrar infinidad de tapas diferentes, que van desde elaborados guisos de carne o pescado hasta chacinas, quesos o mariscos. Podemos encontrar tapas de frituras, de platos de cuchara y guisos varios. Hay locales que sólo ofertan unas pocas, pero otros tienen incluso más de cien diferentes. Evidentemente, según la zona donde nos encontremos habrá más abundancia de unos productos que de otros y diferentes formas de cocinar. Asimismo, el vino, acompañante fiel de la tapa sustituido en ocasiones por la omnipresente cerveza, también variará de una región a otra, si bien la manzanilla y el fino son los más frecuentes.

    Las tapas, patrimonio gastronómico español que intenta sin éxito ser burdamente copiado en otros países, es una forma diferente de comer que va parejo a una forma distinta de vivir, más relajada, sin prisas ni preocupaciones, disfrutando de agradable compañía y de las cosas buenas que ofrece la vida. Aconsejamos vivir esta experiencia de primera mano visitando un buen bar de tapas del sur de España y dejándose envolver por la exquisita comida y mejor ambiente. ¡Buen provecho!


Susana Gonzales Bianchi