Kursy językowe Poznań
Kursy Poznań
Znajdujesz się w: Porto Alegre  »  Artykuły  »  El cuento de las dos gatitas
El cuento de las dos gatitas

Como cada pretexto es bueno para practicar la lengua (y como nada más ambicioso ni inteligente quiere venirme a la cabeza) decido presentaros a mis gatas.
      Entonces, éstas son mis gatas:

Agatka y Pysia.

      Agatka era primero una gata brasileña, pero más tarde, cuando se mudó a mi casa, se polonizó. Siendo una gata brasileña, fue bautizada A Gata, lo que en portugués significa simplemente "la gata". Sigue siendo una gata bilingüe.
      Pysia iba a ser hombre y a llamarse Ronaldo. Pero resultó ser una niña, y tan dulce que no hubo más remedio que llamarla Pysia. Pysia se vino a vivir con nosotras varios meses más tarde, cuando unos amigos me aconsejaron buscarle compañía a Agatka, que pasaba días enteros sola en casa y tenía depresiones de gata (sí, sí).
      Fui a buscar a Pysia a casa de Doña Roma, una mujer angelical que se dedica a albergar a todos los gatitos del barrio y encontrarles un amo. Por el camino pensé con cierto recelo sobre lo que me esperaba allí, un apartamento con olor a gato, lleno de gatos, de pipí de gato, de caca de gato, de pelos de gato. Pero Doña Roma no me dejó entrar en el piso y así me ahorró las adicionales atracciones. Salió a la escalera y me entregó a Ronaldo, que después se transformaría en Pysia, un bultito negro que literalmente se abrazó a mí y se escondió debajo de mi chaqueta, contento de que nadie exigiera nada más de él. Mientras tanto, Doña Roma susurraba como si me estuviera revelando un secreto: " Éste es nuestro hermano pequeño que merece respeto y que necesita mucho amor".
      Cuando Ronaldo resultó ser Pysia, mis amigos auguraron que esto no duraría mucho: "¡¿Qué?! ¡¿Dos gatas en la misma casa?! ¡Esto no va a funcionar!". Reconozco que los principios no fueron fáciles. Como en un matrimonio hindú, acordado por los padres de los novios. Agatka se enfadó. " ¿Qué hace aquí esta criatura negra que hace ruido y come de mi plato?" Pero la curiosidad venció el enfado y ahora mis gatas se quieren. Hasta duermen juntas, ¡abrazaditas! ¿Un amor lesbiano?
      Agatka es una gata pícara, una gata espía, una gata bandido... tiene que participar en todo, me sigue por todas partes. Siempre dispuesta a jugar, saltar, pelearse y discutir conmigo y meterse donde no la llaman. Abro la puerta, se escapa a la escalera; abro el armario, se mete dentro (cierro el armario y me olvido de ella; un tiempo después, la localizo guiándome por sus lamentos); viene alguien, es la primera en inspeccionarle como si quisiera decir " Soy Agatka y vivo aquí. Y tú, ¿quién eres?" Mi mamá dice que Agatka no tiene un hocico, sino un rostro casi humano, y que mira con una perspicacia e inteligencia desconcertantes. ¿Qué habrá dentro de esa cabecita felina?
      Pysia, para variar es una gran comilona y dormilona. Una gata hedonista, una bon vivant , que nunca se dejará provocar ni se pondrá nerviosa sin motivo. Le encanta tumbarse de espaldas en su taburete de la cocina y esperar a que aparezca alguien quien le acaricie la barriguita. Pysia, si supiera hablar en humano, a la mayoría de nuestras inquietudes respondería: " Take it easy, man..."
      Últimamente, Pysia está a dieta porque ha engordado mucho este invierno. Será porque hace frío, los días son cortos... y de tanto aburrimiento uno acaba llenándose el estómago de Kitekat con zanahoria, yo qué sé. No estoy segura si Pysia sabe que está a dieta, pero me parece que sí porque anda detrás de mí repitiendo a cada paso un sugestivo miau y mirándome con unos ojos que reclaman: " Tengo hambre, a ver si te das cuenta, malvada mujer". Agatka, en cambio, está en los huesos. Porque mis gatas funcionan como vasos comunicantes. A veces, encierro a Pysia en una habitación y a Agatka la alimento a escondidas: " ¡Agatka, Agatka, ven aquí (kici, kici)! ¡Come, rápido!" No sé cómo consigo dormir con una consciencia tan intranquila...
      Agatka, Pysia y yo vivimos en una perfecta simbiosis. No sé si son ellas las que se han hecho más humanas, o yo más gatiana ... Mis gatas niegan todas las bobas teorías que solemos repetir sobre su especie, que los gatos son egoistas, que se atan al lugar y no a su amo y por el estilo. Pero esto os lo cuento en otra ocasión, ¿de acuerdo? ¡Miau!

[ms]