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Znajdujesz się w: Porto Alegre  »  Artykuły  »  CAMINO DE SANTIAGO - Una serie de miradas al norte de Espana - 7 parte

CAMINO DE SANTIAGO (VII): Santiago

   Santiago de Compostela es el corazón de Galicia, y la ansiada meta de los peregrinos. Se cree que los orígenes de la ciudad están en un antiguo poblado celta, aunque habría estado abandonado tras la llegada de los romanos, hasta el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago. El nombre de Compostela no tiene un origen muy claro, pero la leyenda acerca del descubrimiento del apóstol lo explica así: alrededor del año 813, un ermitaño llamado Pelayo vio unas luces extrañas en sobre un campo deshabitado cerca de donde él vivía. Fue a avisar de eso al obispo de Iria Flavia (la antigua ciudad más cercana), Teodomiro. Pelayo y Teodomiro fueron juntos a ese campo, y allí encontraron un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo. Esa era la forma en la que había sido martirizado el apóstol (decapitado en Jerusalén), y viendo las señales que había en el cielo, se dieron cuenta de que era el cuerpo de Santiago. De ahí vendría el nombre de Compostela: Campus Stellae, campo de la estrella. Al enterarse de eso, el rey Alfonso II de Asturias viajó a ver esa tumba, y mandó construir la primera iglesia de Santiago. Es una coincidencia curiosa que en España se conozca también a las estrellas de la Vía Láctea, nuestra galaxia, como el “Camino de Santiago”: la orientación del Camino hace que pueda utilizarse la Vía Láctea para orientarse y saber la dirección en la que ir.
  
Con los años Santiago fue convirtiéndose poco a poco en una ciudad importante, en la que incluso se coronaron varios reyes de Galicia y León. Dicen que en el año 997 el general musulmán Almanzor atacó la ciudad y la destruyó prácticamente entera. Lo único que se salvó fue, milagrosamente, la tumba de Santiago. La verdad es que cuesta creer esta clase de historias acerca de este general de Al-ándalus, porque en el norte de España se suele culpar a Almanzor de la destrucción y deterioro de prácticamente cualquier edificio medieval en ruinas. Cuesta creer que un solo general pudiera pelear tantas batallas, en tantos lugares y en tan poco tiempo.
   Hoy en día llegan a Santiago peregrinos de muy diversos tipos. Muchos son peregrinos tradicionales, que hacen el Camino por motivos religiosos, para tener una experiencia espiritual. Según el registro de la catedral de Santiago, en 2008 llegaron allí más de 125.000 personas. De estas personas bastantes se consideran “peregrinos laicos”, que se acercan al camino más interesados en su parte cultural e histórica. Por último, a Santiago siempre llegan también grandes cantidades de turistas comunes, que no realizan el Camino de Santiago pero que quieren conocer la ciudad y lo que puede ofrecer.
   Todos los peregrinos que hayan llevado consigo la credencial y tengan sellos que demuestren que han recorrido por lo menos 100 kilómetros a pie o 200 en bicicleta o caballo, reciben al llegar a la catedral de Santiago la Compostela. Es un certificado escrito en latín que demuestra la peregrinación, y además concede una indulgencia. Es decir, con ese certificado el tiempo que el alma del peregrino tenía que pasar en el purgatorio se dividía a la mitad. En caso de que ese año fuera año santo jacobeo, la indulgencia es plenaria: todos los pecados son perdonados. Es una tradición que aún se mantiene intacta desde los tiempos medievales, sin importar las discusiones teológicas que ha habido desde entonces. De hecho muchos no creyentes también piden su Compostela: es un certificado escrito en latín, en caligrafía medieval, y en papel apergaminado, y se considera un recuerdo muy bueno del camino.
   La actual Catedral de Santiago comenzó a construirse en 1075, y su primera versión se terminó en 1128. Como Santiago es la ciudad más húmeda de España (¡en 2007 apenas tuvo 2.000 horas de sol en todo el año!), el mal tiempo afecta mucho a los monumentos. La catedral ha sido reformada varias veces, la vez más importante en el siglo XVIII, cuando se construyó la fachada principal en estilo barroco que la hace tan reconocible. Llueve tanto en Santiago, que gran parte de las piedras de la catedral y de otros monumentos están cubiertas de musgo, y en las torres de los edificios crecen alguna que otra planta… y incluso algún árbol pequeño ha conseguido echar raíces en los tejados de Santiago.
   La catedral está situada en el centro de la ciudad, en la llamada Plaza del Obradoiro. El nombre de la plaza viene del gremio de canteros que trabajaban en la construcción de la catedral (obradoiro es una palabra gallega para taller). Es el kilómetro 0 del Camino de Santiago. Todos los días puede verse allí a gente con mochilas sonriendo y mirando hacia la catedral. La fachada principal de la catedral es la que da a la plaza, y allí está la puerta principal de la catedral, el Pórtico de la Gloria, lleno de esculturas románicas de valor incalculable. Una vez dentro de la catedral, nos encontramos con dos cosas curiosas. Por una parte, la catedral de Santiago tiene un circuito de televisión cerrada que transmite sus misas a unas cuantas pantallas gigantes colocadas en varios puntos del templo, para que todos los peregrinos puedan seguir la misa aunque no puedan ver el altar. Además, en bastantes iglesias del camino se están instalando también televisores en los que los peregrinos que aún no están en Santiago pueden ver la misa desde otros lugares.
   La segunda cosa curiosa de la catedral es más tradicional: se trata del botafumeiro. Es un incensario (donde se quema incienso) enorme, tan grande como una persona, que cuelga de la bóveda central de la catedral, frente al altar, y que se utiliza durante las misas. Para moverlo por la iglesia y que el olor y el humo del incienso se distribuya hacen falta cuatro o cinco personas usando un sistema de poleas. Es una de las cosas más características de la catedral de Santiago, y hay quien dice que su origen está en los intentos de los antiguos sacerdotes medievales, que intentaban tapar el olor que había en la catedral al llenarse de peregrinos… Unos peregrinos que probablemente no se habían cambiado de ropa desde que empezaron el camino. Al fin y al cabo, era la edad media.
   El sepulcro del apóstol está detrás del altar, y en los años santos puede entrarse directamente hacia él por la llamada Puerta Santa, que sólo se abre esos años. Los peregrinos hacen cola para subir las escaleras hacia el sepulcro y besar la figura del apóstol, que está situada sobre el ataúd de plata con sus reliquias. Ese ataúd no ha sido abierto nunca, por lo que todas las leyendas del camino siguen en suspense… y así, año tras año la gente sigue llegando a Santiago.
   Además de por la peregrinación, Santiago de Compostela es importante por su universidad, y es una ciudad llena de jóvenes estudiantes. Eso quiere decir que también hay muchos bares, además de la gran cantidad de restaurantes y de hoteles creados para hospedar a los peregrinos y a los turistas. Santiago es un lugar perfecto para probar los productos típicos de Galicia. El caldo gallego es una sopa que se hace con grelos, las hojas del nabo, y que prácticamente sólo se comen en Galicia. En Galicia, a los trozos de patata cocidos se les llama cachelos, y se les puede comer en el chorizo con cachelos y en el polbo á feira o pulpo con cachelos, muy popular y que es un plato que es casi obligatorio comer en Galicia. No es raro incluso ver a gente cocinar los pulpos durante fiestas, metiéndolos en grandes cazuelas de cobre con la ayuda de unos palos.
  Otro plato típico son las mariscadas, que básicamente consisten en comer grandes raciones de marisco: distintos tipos de gambas, otros tantos tipos de cangrejos, vieiras (¡su concha el símbolo del camino!) y percebes. Los percebes son un producto típico de Galicia, muy caro y muy apreciado por su sabor delicado. Son unos pequeños animales que viven pegados a las rocas en los acantilados Gallegos, y que se recogen por personas llamadas percebeiros, que caminan entre las rocas esquivando las olas. Es un trabajo muy peligroso, porque en cualquier momento puede empeorar el tiempo y una ola puede lanzar a alguien contra las rocas. No es casualidad que parte de la costa de Galicia se llame “la costa de la muerte”.
   Aunque el Camino de Santiago termina en la catedral, mucha gente realiza un último ritual antes de volver a sus hogares. A 98 kilómetros de Compostela está Finisterre, un cabo que en el mundo antiguo se consideraba como el fin del mundo: más allá sólo había mar. Desde Santiago hay autobuses todos los días, aunque algunos prefieren ir para allí caminando (¡750 kilómetros hasta Santiago les parecen pocos!). Hay gente que dice que el cuerpo de Santiago llegó a Finisterre de forma milagrosa en una barca de piedra (otros dicen que le trajo la virgen, y que esa barca de piedra puede verse en Muxía, 20 kilómetros más al norte). Lo más probable es que Finisterre fuera ya un lugar importante antes del comienzo de las peregrinaciones. Mucha gente viaja allí para disfrutar del paisaje, para bañarse en el mar (y así quitarse el polvo del camino), y para ver la puesta de sol sobre el océano (que simboliza el final del camino, y el comienzo de una nueva etapa). Algunas personas se toman al pie de la letra estos rituales, y también queman sus viejas ropas de peregrino en la playa. Antiguamente era también en esas playas en donde se recogía una concha de vieira que se convertía en símbolo de haber realizado el camino.
   Y así, en Finisterre, frente al océano atlántico termina nuestro viaje por el norte de España. Espero que estos textos hayan servido para que se conozcan mejor esas tierras, y para animar a algunos a visitarlas. El Camino de Santiago, por ejemplo, tiene mucho que ofrecer: es una experiencia que puede entenderse de manera religiosa, de manera turística, cultural e incluso deportiva (hay personas que se retan a terminar el camino en el menor número de días). En los pueblos y ciudades que forman el camino puede sentirse el paso del tiempo y las historias y leyendas que se han ido enlazando unas con otras a lo largo de los siglos. ¡Animaos a conocerlo! ¡Ultreia!

Daniel Barrio Fierro.